
Antes de que todo cambiara, la vida de Anna transcurría en calma.
Había días llenos de pequeños rituales: pintar, cuidar el jardín, trabajar el mármol, pasear junto a los animales, compartir momentos con su familia y refugiarse junto al fuego cuando llegaba la tarde.
No sabía que aquellos días, precisamente aquellos que parecían tan sencillos, algún día serían un hermoso recuerdo.






Anna tenía una vida sencilla y tranquila…hasta que, de repente, todo cambió. Porque la vida es así: cuando menos te lo esperas, sopla fuerte y te lo mueve todo. Y entonces, o aprendes a bailar al nuevo compás, o te dejas arrastrar.