¿Cuántas veces has aceptado un plan al que no querías ir, o has asumido una carga de trabajo extra por miedo a decepcionar a los demás? El temor al conflicto o al rechazo hace que, con frecuencia, prioricemos las necesidades del resto por encima de las nuestras. A la larga, esto genera frustración, agotamiento y resiente nuestras relaciones.
La clave para cambiar esta dinámica se llama asertividad. En consulta, me gusta recordar que la asertividad no es un rasgo de la personalidad con el que se nace o no se nace; es una habilidad social y, como tal, se puede entrenar con las herramientas adecuadas.
Ser asertivo significa poder expresar tus opiniones, necesidades y límites de forma clara y respetuosa, sin agredir al otro pero sin someterte a su voluntad. Aquí tienes tres técnicas prácticas para empezar a entrenar tu asertividad:
1. Pausar antes de responder (La regla de las 24 horas) El impulso automático de las personas complacientes suele ser decir «sí» de inmediato. Para romper este hábito, empieza a ganar tiempo. Cuando te pidan un favor o te propongan un plan, utiliza frases comodín como: «Déjame mirar mi agenda y te confirmo luego» o «Necesito pensarlo, te doy una respuesta mañana». Esto te dará el espacio mental necesario para decidir si realmente quieres y puedes hacerlo.
2. La técnica del «No» con alternativa Decir «no» a secas puede hacernos sentir culpables al principio. Una forma de suavizarlo mientras te acostumbras a poner límites es ofrecer una alternativa que sí encaje contigo. Por ejemplo: «No puedo ayudarte con este trabajo hoy porque estoy saturado, pero si quieres te paso mis apuntes» o «Hoy no me apetece salir a cenar, pero podemos tomar un café la semana que viene».
3. La técnica del «disco rayado» Es ideal para personas insistentes que no aceptan un «no» por respuesta. Consiste en repetir tu postura de forma tranquila y firme, sin alterarte ni dar demasiadas justificaciones. «Entiendo que me necesites, pero no puedo ir». Si la persona insiste, repites: «Sé que es importante, pero de verdad, no puedo ir». Mantén un tono neutro y amable hasta que el mensaje cale.
Aprender a comunicarnos de forma asertiva mejora radicalmente nuestra autoestima y la calidad de nuestras interacciones. Si sientes que te cuesta poner límites en tu entorno familiar, laboral o de pareja, el entrenamiento en habilidades sociales puede marcar un antes y un después.
Si estás dispuesto a dar el paso y empezar a priorizarte, te ofrezco un espacio seguro de escucha y trabajo práctico. Reserva tu consulta online y comencemos a entrenar estas herramientas.
